martes, 11 de abril de 2017

MUÑECA DE TRAPO

    Decían que callaba cosas, que había algo oculto detrás de su sonrisa, que tenía secretos, pero lo cierto es que los secretos la tenían a ella. Era presa de ellos, de su silencio, de la ignorancia y el deseo feroz de la gente a la que se debía y entregaba cada día. 

La miraban sin ver en aquellas fotos glamurosas y pomposas retocadas con photoshop, sin mirar más allá de aquella careta de color, convirtiéndola en su muñeca de trapo para jugar y jugar. Observarla, tener ante tus ojos una imagen que jamás habrías podido imaginar. Detrás de aquella sonrisa de portada, había una mirada triste, una mirada que quería huir y escapar. Pero, ¿escapar de qué?, ¿qué podría tener de malo aquella vida de oro, y de admiración?. Probablemente más de lo que nuestra infinita ignorancia pudiera imaginar hasta toparse con su no tan brillante realidad. Una realidad que trajo el sol del amanecer de un rutinario día de trabajo cualquiera.

La trajo como de ninguna manera nos hubiéramos atrevido a pensar. En ella se veía una escena muy alejada de las portadas de mentira que nos venden por doquier. Sin magia ni color, no había vida porque una sombra oculta en aquella ficción, se la llevó.

Aquella mañana fue un cruce con una vida y un mundo envueltos en una banalidad con la que ella quería acabar. Un mundo de lujos infinito que se antoja imposible incluso de interpretar, que resultó ser una pecera de tiburones hambrientos que la querían devorar. Cada vez querían más y más, querían tanto que por más que tuvieran, jamás se llegaban a saciar, un menú al que se sentaban cada día y que no tenía fin.

Ella era una máscara a la que todos querían maquillar, una muñeca de trapo con la que jugar. Al límite de todo y apunto de explotar, un día decidió acabar con esa máscara, quitársela,  romperla y tirarla para que nadie la pudiera usar. Dejaría de ser su muñeca de trapo, una muñeca de trapo con la que jugar.

Apagaría los focos y flashes que ciegan a los demás. Volvería a la vida normal, a la vida de verdad, sin mentiras, sin promesas ni fantasías de oro y gloria; aunque poco o nada podía imaginar que era tarde para dar marcha atrás y poder regresar. 

Sin embargo, esos tiburones siempre hambrientos, no la dejarían escapar, era una joya demasiado valiosa en para dejarla ir sin más. Aquella muñeca de trapo había sido devorada por su inocencia, por sueños propios y ajenos, por la codicia y el hambre de poder. Codicia y hambre que la querían suya y de nadie más. 

Y así fue, aquella pecera infecta no la dejó ir, la devoró y despedazó hasta no dejar ni la sombra de lo que un día fue. El fatal desenlace llegó una noche en la que no vería más el amanecer. Corrientes excesas de oro blanco inundaban sus venas en un camino sin retorno. Un último chute sin emoción en el que desapareció el sol. Adiós a quien ni siquiera llegaste a saludar, adiós deseando que su alma descanse en paz.

jueves, 30 de marzo de 2017

PIENSO, LUEGO...¿EXISTO?

 Todo el mundo conoce la frase "Pienso, luego existo", de René Descartes, pero...realmente ¿si pienso, existo?, ¿dónde existo?, ¿si existo, pensé?. 

Supongo que todo depende de si comparto ese pensamiento o me lo guardo, al igual que dependerá de con quien lo comparta, si es que lo hago. Pero ¿qué ocurre si no pienso?, ¿si no pienso, no existo?, y si no existo, ¿a alguien le importará?. Creo que a veces es mejor no pensar, que es mejor dejarlo estar, porque si lo piensas, al final te puedes liar. Y liar sin motivo más allá del que tu imaginación pueda alcanzar. Con razón dicen que lo que no vean tus ojos, no lo invente tu boca (más o menos viene a ser así), y tienen razón, porque eso es mejor no pensar, no dar pie a elucubrar, ni imaginar todo aquello que tus ojos no puedan decir que es verdad, o que tus manos no puedan escribir ni dibujar. 
Probablemente, en según que ocasiones y momentos, sea mejor no actuar, ni pensar, ni imaginar, y dejar cada mundo con su orden particular, tu mundo y el de los demás. Mejor no enredar lo que no por si solo no se lió. Ahora bien, ¿qué hacemos con la duda?, con ese ¿qué habrá pasado?, ¿la despejamos o nos la quedamos?, ¿la alimentamos o la ignoramos?. Es muy probable que si no sabemos ignorarla y dejarla pasar, se nos haga una bola más grande que normalmente, más temprano que tarde, explotará.
Dudas que no nos dejan dormir por los caminos enredados de nuestro enrevesado cerebro, que bien podría venir con un libro de instrucciones, un botón de pausa, un botón de resetear, y botón de formatear. 

Podríamos actuar sin pensar, sin pensar en la prudencia y los miedos y temores que nos dan los años; también podríamos pensar sin actuar, guardándonos la tormenta de pensamientos. Entretanto toca madurar y aprender sin pensar si existes o no.  

martes, 31 de enero de 2017

CARTA AL TIEMPO

      En medio de su silencio y su soledad, en ese momento de paz y tranquilidad, empezó a escribir sin pensar. A escribir al tiempo, a ese tiempo que un día se fue y no volverá, a ese tiempo que vivió, ese tiempo en el que unas veces se equivocó y en el que otras acertó. Quería contarle sus recuerdos, sus olvidos, y sus arrepentimientos.

 Le contaría que haría, y que no, si pudiera volver atrás, hablaría de esas cosas que reviviría de aquellos días de felicidad que en su cara aún se podían dibujar. Quería pedirle perdón por sus errores, por su tiempo perdido y sus días ya olvidados de los que no aprendió.

Al mismo tiempo quería reprocharle por los malos días y momentos de nubes negras y tormento, y por aquellos otros, buenos, muy buenos, que se llevó tan rápido y con tanta celeridad que apenas le supo a felicidad; tiempo al  que no podía desagradecer por esa gente que conoció y de la que aprendió, y por esa otra que el camino, por suerte, separó y olvidó.

A su vez quería también, hablarle a ese tiempo presente, tras un largo pasado, para no sólo reprocharle, sino agradecerle por todo lo que en ese momento había vivido, por todo lo que le ha traído, y por todo lo que se había llevado para quedar lejos y olvidado.

Con su mente en paz, por ese pasado aún presente y por ese presente que un día será pasado, solo le quedaba hablarle al tiempo que está por venir y vivir momentos en lugares inolvidables que algún día tal vez no pueda recordar. 

martes, 27 de diciembre de 2016

ESO DE LA NAVIDAD

¿Qué contar de la Navidad que no se haya contado ya?, nada. Nada nuevo ni especial, al menos especial para ti, o para mi, o puede que si. Porque cada uno, cada cual, la vive a su manera; la vive o la deja pasar, depende de que te guste menos, o de que te guste más. Da igual.

La Navidad es esa época, esa cosa, que viene y se va. Son esos días que a algunos les pone verdes y les vuelve un poco Grinch, para otros es como una dulce tormenta de arena que al irse, te deja los restos y las huellas del efímero paso que deja.

Te deja las huellas del mazapán y del turrón, de las cenas y las comidas a mogollón, aderezadas con champán y polvorón. Te deja, a quién se lo deja, a ese Papá Noél, gordo como un tonel, y esa lotería que le ha tocado a no se quién.


Luego viene esa noche vieja y añeja de uvas y más champán que te hace joven, al menos hasta la madrugá. Y como fin de fiesta, más larga que una buena siesta, vienen tres que reyes dicen ser, de Oriente o de Poniente, y magos, no se si currantes o vagos, pero que si te dejan regalos, te parecen bien majos. Y menos mal que te dejan algo, porque no nos podemos olvidar de ese niño que con su lotería solo hace el amago de tocarte un rato, para que al final, se lo lleve otro ser.




Por suerte nos queda la sorpresa del rico roscón que siempre puede caer. Y esa, o eso, como lo quieras ver, es la Navidad, esos días de color y de alegría, y de familia, y de amigos, incluso esos que durante el año no se dejan ver.

Navidad, esa cosa que el año que viene querrá volver. 

martes, 6 de diciembre de 2016

NADA DE QUE ESCRIBIR Y NADA DE QUE HABLAR

¿Qué escribir cuando no tienes nada que escribir?, ¿y qué contar si no sabes o no tienes nada de que hablar?, ¿ y qué más da que cosa puedas soltar?.

A veces da igual, a veces no tiene que importar, a veces es mejor que no haya nada que contar, o contar cualquier cosa banal. Lo importante es rellenar el tiempo y el espacio, ese espacio físico-psíquico y digital, ese espacio lleno de nada y que a veces cuenta todo de cualquier modo. Lo importante es escribir, escribir para estar, para contar y escuchar, porque con las palabras contamos cosas sin hablar, en un lenguaje que tiene su propio baile de palabras que a ratos, mueren en el aire.
Es la magia de la palabra aunque estés como una cabrá, es la fuerza y la magia de las entrelíneas tibias y los párrafos que llenan vacíos y espacios muertos de nuestro tiempo. Es el hablar por hablar, por contar y divagar. Puede ser rutinario y hasta ordinario, escrito en cualquier idioma y de cualquier manera, hasta inventado, enredado y remendado. No es un "todo vale", pero si te gusta, ¡dale!. Es la condensación de todo y de nada suelto en una enorme parrafada  ni muy grueso ni muy delgada, pero bien currada y enhebrada que probablemente no sirva para casi nada. Pero que si lo relees, mola la charloteada. Y así, porque si, en un momento esto es lo que escribí.  

viernes, 25 de noviembre de 2016

EN LA PROFUNDIDAD DE LOS SUEÑOS

      En la profundidad de los sueños, en lo más profundo y oscuro de todos ellos quiere estar y de ahí no volver en mucho tiempo, o tal vez jamás. Quiere soñar, soñar tan alto y fuerte que cueste despertar. Quiere llegar a otros mundos profundos, lejanos, y llenos de magia, esa magia aquí perdida y olvidada. Quiere llegar al país de nunca jamás sin pensar en cuanto tenga andar, correr o volar como si fuese el mismísimo Peter Pan.


Sabe que al final del sueño en el que se siente feliz y risueño, despertará y ahí estará el amanecer de una aventura que no olvidará, y mil veces recreará, y seguro que noche tras noche revivirá.

No sabe si se encontrará con campanilla o con alguna brujilla, o con el capitán Garfio o algún ser zafio; pero si sabe que nadando, andando o volando cualquier frontera cruzará. 

Será un sueño sin fin; sueño sin dueño ni aquí ni allí. Un sueño profundo de otro mundo, un sueño de otro universo infinito, más largo que una semana de lunes a domingo.

Quiere soñar y volar en un sueño profundo del que nunca tuviera que despertar, aunque tenga que regresar. Quiere ir más allá de la luna y las estrellas, más allá de los límites del cielo y el universo.

Quiere ser el dueño de la profundidad de los sueños.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Y EN MEDIO, LA NARIZ

    Hay distancias cortas, distancias largas, distancias ínfimas y distancias infinitas, y en todas ellas está el mismo problema, en medio siempre está la nariz, esa nariz infinita y alargada que no se sabe donde empieza ni donde acaba, y que siempre está en toda la cara colgada como si nada.

Siempre te acompaña, en las buenas y en las malas, como a un obrero el pico y la pala. Siempre está ahí esa interminable nariz más grande que una mazorca de maíz. Es tuya, solo tuya, y sabes que nadie la querrá ni aunque se la intentes regalar, porque es grande e incluso gigante como el infinito en el mar. 

Es una napia más alta y más grande que una tapia, y que al sol todo ese mogollón se vuelve pimiento morrón; una trompa que vino en tromba y ahí se quedó, un apéndice en la cara a fuego pegada, que con la edad crece o eso parece. Orgullosa y lustrosa, esta nariz engorda y te desborda sin piedad, sin poderla frenar aunque cada día se parezca más a una barra de pan. 

Para bien y para mal en esa cara se va a quedar sin que nadie la pueda despegar; para mal o para bien no hay nariz igual, escondida entre cien o más. 

Es esa ñata a una cara pegada como una garrapata, a veces rebelde, a veces ingrata. Una percha larga como una mecha, enorme y nada estrecha que en tu geta alguien dejó medio hecha. 

Y sin más que hablar de esta enorme nariz sin par, colorín, colorado a este eterno y perenne hocico nada pequeñico os he presentado.